La tecnología que vale la pena es la que llega a la vida de la gente

Después de Andicom, una pregunta queda sobre la mesa: ¿para qué estamos haciendo tecnología si no logra mejorar la vida de las personas?

Llevo varios días de vuelta en Bogotá y todavía tengo Andicom en la cabeza.

Fueron días intensos en Cartagena: mucho calor, muchos cafés y una libreta que terminó llena de flechas, ideas y frases subrayadas que todavía intento descifrar.

Después de participar en uno de los encuentros de tecnología más importantes de la región, me quedó una conclusión muy clara:

La conversación sobre inteligencia artificial ya cambió.

Ya casi nadie pregunta si la IA funciona. Eso quedó atrás.

Ahora las preguntas son otras:


Tengo que confesar que soy de las personas que se emocionan con los avances tecnológicos.

Pero también estudié economía, y esa parte de mí tiene la costumbre de hacer una pregunta incómoda:

“Bueno, ¿y esto cuánto valor genera de verdad?”

Esta vez sentí que las dos partes estaban de acuerdo en algo:

La tecnología solo cambia las cosas cuando hay orden detrás.

Durante el AI Forum, Manuel Martínez Niño, director ejecutivo de CINTEL, planteó una idea que resume muy bien este momento: “Las organizaciones ya superaron la etapa de los pilotos”.

Y tiene sentido.

Durante los últimos años, muchas empresas probaron chatbots, asistentes y automatizaciones que prometían ahorrar tiempo y mejorar procesos.

El reto ya no es probar.

El reto es lograr que funcione un martes cualquiera.


De la demo a la realidad

Una demostración puede verse increíble.

Con los agentes de IA este desafío es todavía mayor.

Ya no hablamos únicamente de herramientas que responden preguntas.

Hablamos de sistemas capaces de tomar decisiones y ejecutar tareas.

Y eso cambia la conversación.

La pregunta deja de ser:

¿Qué puede hacer la IA?

Y empieza a ser:

¿Qué vamos a permitirle hacer, con qué información y quién responde cuando se equivoca?


La seguridad también hace parte del producto

Y tener la casa en orden incluye algo que no podemos dejar para después:

la seguridad.

En el CyberShield Forum apareció una idea que vale la pena recordar: “capturar hoy, descifrar después”.

La posibilidad de que información cifrada actualmente pueda ser descifrada en el futuro debido a los avances de la computación cuántica obliga a pensar desde ahora en cómo proteger la información que tiene valor a largo plazo.

Pero hay algo todavía más cercano.

La seguridad no es solamente un asunto técnico.

También es una cuestión de confianza.

Las personas no entregan sus datos por defecto.

Lo hacen cuando sienten que tienen control y que alguien está cuidando esa información de verdad.

Por eso, si una solución tecnológica no genera confianza, probablemente tampoco será utilizada, por más innovadora que sea.

La tecnología también puede cerrar brechas

Aquí es donde la conversación deja de ser únicamente empresarial.

Y se vuelve una conversación sobre país.

Colombia tiene un reto histórico de productividad y la tecnología bien utilizada puede ser una de las herramientas capaces de generar cambios importantes.

Pero existe un riesgo:

Mientras algunas empresas avanzan rápidamente en la adopción de IA, cerca del 40 % de las microempresas del país no tiene planes de adoptarla.

Y si no hacemos algo para cerrar esa brecha, la tecnología que debería ayudar a reducir desigualdades podría terminar ampliándolas.

Por eso, hablar de tecnología también significa hablar de acceso.

Cuando la tecnología realmente llega a la gente

¿Y cómo se evita esa brecha?

Volviendo al principio:

orden.

Cuando una tecnología es segura, tiene reglas claras y puede integrarse sin complicaciones innecesarias, deja de ser un privilegio de unas pocas organizaciones.

Puede llegar a más personas.

Al tendero que recibe pagos digitales sin complicarse la vida.

A quien consigue su primer crédito porque sus datos finalmente permiten demostrar su comportamiento financiero.

A la persona que vive en un municipio alejado y puede solicitar una cita médica desde su celular en lugar de madrugar para hacer una fila.

Ahí es donde la tecnología deja de ser una palabra de moda.

Se convierte en una herramienta para mejorar la vida.


Entonces, ¿qué deberíamos preguntarnos antes de implementar IA?

Después de Andicom, si alguien me pidiera un solo consejo, no empezaría recomendando una herramienta.

Empezaría haciendo preguntas.

  • ¿Para qué la necesitamos?
  • ¿Qué problema concreto queremos resolver?
  • ¿Qué datos vamos a utilizar?
  • ¿De dónde vienen? ¿Son confiables? ¿Tenemos derecho a utilizarlos?
  • ¿Quién va a cuidar esos datos?
  • ¿Qué controles existen? ¿Quién es responsable?
  • ¿Quién supervisará la solución?
  • Especialmente cuando hablamos de agentes capaces de tomar decisiones y ejecutar acciones.
  • ¿Cómo sabremos si funcionó?
  • ¿Qué resultado esperamos conseguir y cómo vamos a medirlo?

Parecen preguntas básicas.

Pero son precisamente estas preguntas las que separan a las empresas que hacen ruido con la IA de aquellas que realmente consiguen sacarle valor.


Desde TICXAR

En TICXAR creemos que la tecnología tiene verdadero valor cuando logra conectar innovación con necesidades reales.

Por eso trabajamos para ayudar a las organizaciones a construir soluciones donde integración, arquitectura, APIs, inteligencia artificial, datos, seguridad y gobierno trabajen juntos para generar resultados sostenibles.

Porque no se trata solamente de implementar tecnología.

Se trata de hacer que funcione.

Y, sobre todo, de hacer que llegue a donde realmente importa:

a la vida de la gente.

TICXAR es tu mejor aliado.

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